Ilusión de separatividad
¿Somos uno?
¿Somos uno con el universo?
¿Somos uno con la totalidad?
Somos uno entre millones de posibilidades
que la vida barajó antes que las combinaciones infinitas entre nuestros
genes, se materializaran para darnos esta forma humana acá en la
Tierra, hoy.
Si tenemos en cuenta la cantidad de acontecimientos que
debieron ocurrir para ser gestados, la proporción de ser humano toma
Forzosamente otra dimensión.
Cuando por medios científicamente comprobables
y comprobados en el siglo XXI descubrimos conocimientos que desde
siempre la humanidad intuyó, la dimensión del sufrimiento que a diario
nos infringimos cobra otro significado en nuestra vida.
¿Cómo es posible
que ante tanta maravilla que se despliega ante nosotros diariamente
al despertar, en la capacidad de disfrutar el perfume de una flor,
del sabor de una manzana, en el
canto de los zorzales al amanecer, en los ocres, amarillos y rojos
que el follaje de nuestra ciudad nos regala en cada otoño no apreciemos
el privilegio que significa estar vivos?
Sabiendo que el iris de
mis ojos es un mandala perfecto, único, irrepetible entre miles de
millones de personas que han vivido y seguirán viviendo en este
planeta siga creyendo que soy un ser imperfecto, descalificado
y poco digno de la felicidad.
Cada uno de nosotros es parte de
esa totalidad inabarcable, incomprensible para nuestras mentes
humanas, que es el universo.
Que tal vez un ser divino de otra dimensión
creó para su trascendencia y evolución.
Que cada acto de nuestra
voluntad esta emparentado con los destinos de todos los seres que
habitamos este plantea y aun mas allá.
La ilusión de separatividad
nos ha llevado, en parte, a sentirnos solos, aislados, desvalidos
e impotentes.
Las actividades grupales pueden ayudarnos al disolver
estas individualidades y sanar lenta pero progresivamente
nuestros lastimados mundos afectivos tan condicionados por nuestro
limitado sistema de creencias.
Esto no quiere decir para nada renunciar
a nuestra subjetividad, a nuestra singularidad. Muy por el contrario
nos acompaña en el proceso de afirmar nuestra identidad y honrar
las diferencias, partiendo de aquello que los seres humanos tenemos
en común.
Proponemos una manera profunda, agradable, divertida,
y muy eficaz de acercarnos a ese ansiado estado de salud, que alcanzamos
las personas cuando integramos lo que pensamos, lo que queremos
y lo que podemos hacer en la vida. Simple y profundamente en cada
encuentro exploramos la posibilidad de conocernos como seres completos,
maravillosos, con infinitas posibilidades de cambio y evolución
hacia un presente más feliz.
El sufrimiento no hace de este mundo
un mejor lugar.
Si estamos interconectados, como sabemos que lo
estamos, mi sufrimiento no mejora la calidad de vida de mi entorno,
mas mi salud y mi gozo alegra mi existencia y la de los que me
rodean, o sea del universo todo.
Nora Lainz - 14 mayo 2006 - copyright